Voz experta: La batalla de Rivas, acontecimiento e interpretación.

Por: David Díaz e Iván Molina

7 de abril del 2022.

Las investigaciones de Rafael Obregón Loría surgen como contrapeso a la historia oficializada de 1858 a 1931.

De las batallas libradas por los costarricenses durante la guerra contra los filibusteros liderados por William Walker (1856-1857), la más sangrienta fue la que tuvo lugar en la ciudad de Rivas el 11 de abril de 1856.

Los detalles de este combate se conocen gracias a las amplias investigaciones del historiador Rafael Obregón Loría (1913-2000), quien fue profesor de la Universidad de Costa Rica entre 1946 y 1981.

En relación con esta batalla, se pueden identificar dos interpretaciones principales: la elaborada por los historiadores nacionalistas liberales entre 1885 y 1931, y la propuesta por Obregón Loría en 1956.

Batalla de Rivas

Señala Obregón Loría que luego de la batalla de Santa Rosa (20 de marzo), las tropas costarricenses, al mando del propio presidente de la República, Juan Rafael Mora Porras, se adentraron en territorio de Nicaragua

El 6 de abril, dichas fuerzas llegaron a la aldea de Santa Clara y, al día siguiente, dos comisionados de Rivas se presentaron allí para invitar a Mora a que pasara a esa ciudad, lo cual hizo el 8 de abril. Conocedor de esta situación, Walker, quien se encontraba en Granada, trazó un plan para capturar al mandatario y su Estado Mayor.

Los filibusteros atacaron Rivas alrededor de las ocho de la mañana del 11 de abril. Tomadas por sorpresa, las fuerzas de Costa Rica llevaron la peor parte, por lo que el plan de Walker casi tuvo éxito. Sin embargo, el ejército costarricense se repuso y empezó a equilibrar las acciones.

Pronto, una parte de la ciudad de Rivas permaneció en manos de los costarricenses, mientras la otra era controlada por los filibusteros. En un intento por desalojar a estos últimos, el Estado Mayor ordenó la quema de una edificación llamada el mesón de Guerra, acción en la que perdió la vida el tambor alajuelense Juan Santamaría.

A partir de las cinco de la tarde, el fuego cruzado entre ambas partes se redujo. Walker aprovechó las horas de la noche para preparar la retirada. Si bien no existe consenso acerca de cuántos muertos hubo, el total –después de unas veinte horas de combate– habría oscilado entre un mínimo de trescientos y un máximo de setecientos cincuenta.

Días después de la batalla, empezó a extenderse el cólera entre las tropas costarricense. Al retornar desordenadamente a su país, dichas fuerzas desencadenaron una epidemia que cobró la vida de entre el 8 % y el 10 % de la población de Costa Rica.

Nacionalismo liberal

En la década de 1880, según lo ha analizado el historiador canadiense Steven Palmer, los políticos e intelectuales liberales se dieron a la tarea de construir la nación costarricense como una comunidad imaginada.

Con este propósito, hicieron una recuperación selectiva de la guerra de 1856-1857. Si bien reconocieron el liderazgo de Mora, centraron su interés en la figura de Santamaría. Mora, derrocado en 1859, fusilado en 1860 y a quien se había vinculado con diversos actos de corrupción, era demasiado controversial todavía para servir de base como héroe nacional. Santamaría, en cambio, era el héroe perfecto: de origen popular, murió en el extranjero para defender el orden existente en Costa Rica.

También promovieron una versión de las acciones militares que sobredimensionaba la importancia de las batallas de Santa Rosa (20 de marzo) y Rivas (11 de abril), a la vez que minimizaba la toma de la llamada Vía del Tránsito y de los vapores que la servían. A esto último contribuyó que dicho proceso todavía no se conocía muy bien y a que fue liderado por Máximo Blanco, un militar que tuvo destacada participación en el golpe de Estado que depuso a Mora.

Una de las razones principales por las que Walker llegó a Nicaragua en 1855 fue porque ese país se había convertido en el escenario de la principal inversión estadounidense en América Latina. Entre los puertos de San Juan del Norte en el Caribe y San Juan del Sur en el Atlántico el magnate Cornelius Vanderbilt desarrolló una vía que aprovechaba el río San Juan y el Lago de Nicaragua para movilizar pasajeros entre las costas este y oeste de Estados Unidos. Tal zona, fronteriza con Costa Rica, era considerada también como la más propicia para construir un canal interoceánico.

Para Walker era fundamental controlar la Vía del Tránsito para asegurarse el abastecimiento de reclutas, armas y municiones. Debido a esto, Costa Rica inició preparativos a finales de 1856 para apoderarse de esa ruta y de los vapores que allí operaban, lo cual consiguió a inicios de enero de 1857. Aunque la guerra se prolongó unos meses más, Walker acabó por rendirse el primero de mayo siguiente.

Obregón Loría

En 1956, al conmemorarse el centenario de la guerra de 1856-1857, Obregón Loría se rebeló contra la interpretación previa de los hechos militares, al publicar con la Editorial Universitaria el libro La campaña del tránsito 1856-1857.

Para los historiadores de la Universidad de Costa Rica David Díaz Arias e Iván Molina Jiménez la Batalla de Rivas ha sido, junto con la Batalla de Santa Rosa, una batalla sobredimensionada, mientras que la de la toma de la Vía del Tránsito en la segunda parte de la Campaña 1856-1857 ha sido infravalorada a partir de la narrativa contada desde los militares y transmitida de generación en generación por los sucesivos gobiernos. Pero, por otro lado, ha servido como inspiración para las diferentes luchas sociales en distintos momentos del tiempo luego de la década de los 30 del siglo pasado, desde comunistas, hasta el estudiantado universitario en las protestas de los 70 y 80, y las protestas contra las políticas neoliberales desde su inicio y hasta el presente. Foto: Laura Rodríguez Rodríguez.

Si bien esta obra consideró los antecedentes del conflicto militar y las batallas de Santa Rosa y Rivas, fue la primera que le dio la debida importancia histórica a la toma de la Vía del Tránsito y de los vapores.

Igualmente, en ese libro Obregón Loría señaló los múltiples errores que cometieron el presidente Mora (de quien él era gran admirador) y su Estado Mayor, y el costo enorme que tuvieron en vidas de soldados costarricenses.

Asimismo, Obregón Loría se pronunció a favor de la existencia de Santamaría y de su papel en la quema del mesón –algo puesto en duda por diversos investigadores–, pero no indicó que muriera en tal acción. De esta forma, implícitamente apoyó la versión de que habría muerto de cólera, sin prestar atención a la fuerte tradición oral, documentada desde 1857, que indicaba lo contrario.

La reinterpretación de la batalla de Rivas avanzó un poco más en 2007, cuando el historiador Víctor Hugo Acuña Ortega propuso, de manera cautelosa y en línea con el análisis de Obregón Loría, que en dicho combate el ejército costarricense evitó ser derrotado.

Fiesta

En 1915 se emitió el decreto por medio del cual se hizo obligatorio, feriado y festivo el 11 de abril, mientras que la primera celebración que ocupó a Alajuela en ese día y la convirtió en el centro de atención por parte de la prensa nacional, ocurrió un año después (1916). A partir de entonces, la fiesta  en honor al 11 de abril y a Juan Santamaría aumentó en proporción y actividades. 

Alajuela acaparó la atención pública, pues fue interpretada según un orden histórico por efecto de la celebración: la apertura de un desfile que comenzaba en la Plaza de la Agonía y terminaba en el Parque Juan Santamaría se volvió el rito oficial que cada año realizaban los costarricenses para iniciar las fiestas del 11 de abril. El otro lugar de parada obligatoria en el camino era la “casa donde nació y vivió” Santamaría.  

En los primeros años de la complicada década de 1940, el gobierno de Calderón Guardia contó con la ayuda de una parte de la prensa para identificar la Reforma Social (1940-1943) como un hito histórico que se encontraba entre los pilares de la historia nacional, a la par de la Batalla de Rivas.

Luego de la guerra civil de 1948 se amplió la participación de escolares y colegiales en la celebración y muchos grupos juveniles y políticos se apropiaron del recuerdo de la quema del Mesón.

A fines del siglo XX, se creó la Feria del Erizo pero la prensa nacional empezó a hablar de un decaimiento en el civismo. Como ofensiva, se produjo un llamado a la regulación de la vestimenta y la música que se realizaban en los desfiles del 11 de abril que terminó con la implementación de un Manual de Celebraciones Patrias por parte del Ministerio de Educación.

En las primeras dos décadas del siglo XX, a las actividades oficiales y los desfiles de los párvulos en Alajuela se le han unido fuertes protestas contra las políticas neoliberales y los mandatarios.

Entre 2020 y 2021, la pandemia impidió el recuerdo oficial en espacios públicos del 11 de abril, pero la fuerza de esa celebración y sus contenidos es tan importante, que está allí a la espera de ser retomada por nuevos actores.

Lecciones y retos

En Costa Rica, el uso del pasado con fines políticos no ha sido excepcional. Se evidenció una vez más a inicios de 2021, cuando la Asamblea Legislativa declaró a José Figueres Ferrer, el líder de la guerra civil de 1948, “héroe de la paz”. Eso es así, porque el uso del pasado ha probado históricamente ser muy importante en la movilización política y social.

La batalla de Rivas usualmente se rescata como un evento determinante por el sentido esfuerzo de organización y movilización al que apela y, por supuesto, por los hilos nacionalistas que toca.

Pero también ha sido un evento utilizado por grupos contestatarios para denunciar y enfrentar el imperialismo, como lo hicieron los comunistas costarricenses entre 1931 y 1948 y, luego, los estudiantes universitarios en las décadas de 1970 y 1980 y las protestas contra las políticas neoliberales después de 1982.  

De ese modo, el pasado es, por sí mismo, un espacio de lucha. Pero frente a las memorias oficiales, hay que recordarlo, se levanta siempre la trinchera de los historiadores profesionales, armados con sus fuentes, sus métodos para procesar la información y sus teorías para interpretar los resultados.

Fuente del artículo: Voz Experta, UCR

Sobre los autores:

David Díaz Arias
Historiador, docente Escuela de Historia, Director del Centro de Inνestigaciones Históricas de América Central de la Uniνersidad de Costa Rica
david.diaz@ucr.ac.cr

Iván Molina Jiménez
Historiador, docente Escuela de Historia
ivan.molinajimenez@ucr.ac.cr

Otras publicaciones en Tribuna

© Universidad de Costa Rica - Tel. 2511-0000. Sitio actualizado: 2022