Desde mediados del siglo XIX, las historias de Jamaica y Costa Rica se entrelazaron íntimamente a través del constante movimiento de personas en la región del Gran Caribe. Familias, comunidades e instituciones tejieron una red de estrechos vínculos que trascendieron las fronteras marítimas, nacionales e imperiales.
Tras la abolición de la esclavitud en las colonias británicas del Caribe, alrededor de 200,000 afrocaribeños y afrocaribeñas emigraron al Caribe centroamericano entre 1850 y 1910 en busca de mejores oportunidades laborales y de vida. En Costa Rica, muchos de estos migrantes, principalmente procedentes de Jamaica, se establecieron a lo largo de la costa caribeña, cerca de la línea del ferrocarril y en diversas regiones del país.
- Los Ferrocarriles
- Centros urbanos
- Personas, familias y oficios
- Identidad y cotidianeidad
Los Ferrocarriles
El 20 de diciembre de 1872, la goleta “Lizzie” arribó a Puerto Limón desde Jamaica con 123 trabajadores contratados para la construcción del Ferrocarril al Atlántico.
Este evento marca simbólicamente el inicio del vínculo entre las historias de Jamaica y Limón, aunque el Caribe Costarricense ha estado conectado a redes de intercambio desde el siglo XVIII, conectándose con Jamaica y la región en general.
De tal forma, la presencia de trabajadores afrocaribeños no era algo nuevo, como lo demuestran los registros de su llegada para trabajar en la construcción del ferrocarril. Anterior a la llegada de la goleta “Lizzie”, otras embarcaciones como la goleta “Aynph” o el vapor “Juan G. Meiggs” también arribaron a Puerto Limón, mostrando la continua movilización de personas a través de la región del Gran Caribe.
Aunque muchos procedían de diversas partes del Gran Caribe, la mayoría de los trabajadores del ferrocarril en Limón venían principalmente de Jamaica. El principal periódico de Jamaica, The Gleaner, ofrecía información sobre oportunidades laborales y los días de salida de las embarcaciones hacia Costa Rica.
La experiencia de los trabajadores jamaicanos fue invaluable para la construcción y operación del Ferrocarril en Costa Rica.
Jamaica fue pionera en el transporte ferroviario en las colonias británicas, inaugurando su primer ferrocarril en 1845. En las décadas siguientes, se expandieron las líneas hacia zonas de producción bananera.
Este ferrocarril conectaba pequeños pueblos rurales como Porus, Ewarton o Bog Walk con puertos como Montego Bay y Port Antonio, desde donde se exportaba banano a destinos como Nueva York y Boston.
Además, facilitaba el transporte de personas dentro de la isla, enlazando las comunidades con la capital, Kingston.
Los centros urbanos y pueblos
La ciudad de Kingston, Jamaica, se convirtió en la capital y principal puerto de la colonia británica en 1755. Su trazado urbano obedecía a un diseño de cuadrícula, con calles principales como King y Queen Streets. La plaza central, denominada “The Parade”, servía como mercado y punto de encuentro.
Entre 1861 y 1921, Kingston experimentó un notable crecimiento poblacional, pasando de alrededor de 13,300 a 62,700 habitantes. Durante este período, la ciudad modernizó su entorno urbano y su infraestructura de transporte. Además, se convirtió en un relevante centro de migración dentro de la isla y un punto de partida hacia otros destinos regionales.
Aunque muchas personas viajaron a Limón desde Kingston, una considerable cantidad provenía de pequeñas localidades de parroquias como St. Catherine, Clarendon, Manchester o Portland.
Los jamaicanos que emigraban partían de sus hogares en varias partes de la isla hacia Kingston, desde donde se embarcaban hacia Limón y otros destinos regionales.
En Costa Rica, la población jamaicana llegaba a Limón, una ciudad en pleno crecimiento.
La construcción del ferrocarril, junto con la industria bananera y la actividad de los propios inmigrantes, impulsaron la expansión de Puerto Limón, convirtiéndolo en uno de los principales centros urbanos y puertos del país.
Las personas, sus familias y oficios
La crisis en la industria azucarera de las colonias británicas durante la segunda mitad del siglo XIX fue una de las principales razones por las cuales la población jamaicana emigró hacia lugares como Limón.
Aunque las personas trabajadoras de las grandes plantaciones azucareras fueron las más afectados, esta situación repercutió en toda la economía caribeña, impulsando a poblaciones tanto rurales como urbanas a buscar mejores oportunidades fuera de la isla.
Aunque la mayoría de quienes llegaron a Limón a partir de 1870 fueron hombres contratados para construir el ferrocarril, gradualmente llegaron muchas personas por su cuenta, con diversas ocupaciones y experiencias.
Desde Jamaica llegaron hombres y mujeres que, en muchos casos, eran cultivadores independientes de café, banano e incluso azúcar. Estos cultivadores vendían sus productos en los principales mercados de pueblos y ciudades, o eran exportados principalmente hacia Estados Unidos.
En la mayoría de los casos, las mujeres desempeñaban el papel de vendedoras de los productos rurales en los mercados de pueblos y ciudades. Estas mujeres comerciantes eran conocidas como “higglers”.
En Limón, las ocupaciones de las personas que migraron fueron diversas.
El trabajo de la población afrocaribeña fue crucial para el desarrollo de la industria bananera y el funcionamiento del ferrocarril.
Mientras algunos trabajaban como empleados en las plantaciones bananeras, otros lograron convertirse en propietarios o productores independientes, tanto de banano como de cacao.
Además, la población afrocaribeña no se limitó a labores agrícolas; llegó población especializada en el sector de la construcción y servicios.
La experiencia de plomeros, albañiles, electricistas y ebanistas fue vital para el funcionamiento del ferrocarril, el desarrollo urbano y para satisfacer las necesidades del crecimiento demográfico.
Lo mismo ocurrió en el ámbito comercial, donde la población afrocaribeña estableció diversos negocios como peluquerías, sastrerías, panaderías o farmacias.
A pesar de que al principio la construcción del ferrocarril y el surgimiento de la industria bananera atrajeron principalmente a hombres afrocaribeños, con el tiempo migraron mujeres, niños, niñas y familias enteras de diversas zonas rurales, pueblos y ciudades.
En Costa Rica, estas familias, de diferentes orígenes, estatus y condición social, se establecieron en ciudades como Limón y San José, a lo largo de la línea del ferrocarril o en áreas más remotas.
Identidad y cotidianeidad
La población afrocaribeña, principalmente jamaicana, que llegó a Costa Rica hacia finales del siglo XIX y principios del XX, se distinguió por su religiosidad, su compromiso con la educación de sus hijos e hijas y sus lazos comunitarios.
A diferencia de la mayoría católica de la población costarricense, los migrantes jamaicanos se identificaban con diversas denominaciones protestantes. Desde finales del siglo XVIII, denominaciones como bautistas, metodistas, anglicanos y adventistas se extendieron por toda Jamaica.
Estas iglesias desempeñaron un papel crucial no solo en lo espiritual, sino también como espacios significativos para la socialización y el fortalecimiento de los lazos comunitarios.
Así como las iglesias, la población jamaicana trajo consigo sus propias escuelas para educar a sus hijos e hijas.
En muchos casos, estas escuelas eran fundadas y administradas por una iglesia. Sin embargo, también se establecieron numerosas escuelas comunitarias a cargo de un maestro o maestra.
En estas escuelas, la instrucción se impartía en inglés, con textos y docentes provenientes de Jamaica.
La práctica de deportes como el críquet, el béisbol y las carreras de caballos en plazas y otros espacios abiertos fue fundamental en la creación y sostenimiento de los vínculos comunitarios de la población afrocaribeña en el país.
La población jamaicana trajo consigo su espíritu de lucha y justicia social.
En Jamaica, las protestas masivas de 1938 condujeron a la obtención del derecho al voto universal en 1944.
En Costa Rica, los descendientes de personas procedentes de Jamaica lucharon por ser reconocidos como costarricenses. La igualdad jurídica y el pleno disfrute de sus derechos como ciudadanos se lograron en 1953.
Fuentes
Cátedra de Estudios de África y el Caribe y Antonio Jara Vargas, Construyendo nuestra nación: El aporte de la población afrocaribeña en Costa Rica (Universidad de Costa Rica, Vicerrectoría de Docencia, ODI y Cátedra de Estudios de África y el Caribe, 2018)
Curtin, Philip D. Two Jamaicas: The role of ideas in a tropical colony 1830 – 1865, ed. August Meier, 1 ed.(New York: Atheneum, 1970).
Johnson, Michelle A., “Kingston. Las Migraciones laborales en las islas del Caribe”, en Del olvido a la memoria: 5. Nuestra herencia afrocaribeña, ed. Rina Cáceres Gómez (San José, Costa Rica: UNESCO-UCR, 2011),7–14.
Meléndez, Carlos y Quince Duncan. El negro en Costa Rica (San José: Editorial de Costa Rica,2012).
Nelson,Wilton. Historia del protestantismo en Costa Rica. San José: Publicaciones IINDEF, 1983.
Satchell, Veront M. y Cezley Sampson, “The Rise and Fall of Railways in Jamaica, 1845–1975”, The Journal of Transport History 24, núm. 1 (2003): 1–21.
Zamora, Carlos. Circuito de Turismo Cultural: Ciudad de Limón, Cahuita y Puerto Viejo. San José, C.R.: Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural: Imprenta Nacional, 2009

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